
Todo ha de ser teatral, se ha de fingir que uno se va malhumorado por no conseguir el precio apetecido. Se ha de admitir que el vendedor le coja del brazo con fuerza y no le deje ir. Y si al final uno consigue un precio ventajoso a de atribuir a ese teatro del regateo el que el vendedor lo despida con cajas destempladas. Si lo despide muy efusivo y con deseos de que vuelva, se puede sospechar que ha pagado más de lo que el propio vendedor esperaba.
Tampoco hay que amargarse por ésto. A veces se llega a situaciones que para nosotros son absurdas, como estar regateando denodadamente por 50 dirham sin darnos cuenta que esa cantidad equivale a 5 euros.
Pero cuando se ha llegado a ese precio que uno cree tan ventajoso es cuando empiezan los verdaderos peligros. Si no tiene billetes pequeños, el vendedor le hará una oferta irresistible. En vez de cobrarle 150 dirham por la tetera le dará dos por 250. Se sigue teniendo necesidad de cambios y el vendedor, no se sabe como, le cogerá o le pedirá esos 50 euros que le ha visto en la cartera para traerle amablemente cambios. Está perdido. Al final se mezclaran en la transacción comercial dirhams y euros, el vendedor hará unos juegos malabares al darle las vueltas y usted se ira con las dos teteras y el convencimiento de haber sido engañado.
Lo mejor de todo es que nunca sabrá, aunque mire en su cartera, cuanto le costaron esas dos teteras, que como no se tome con humor lo sucedido, siempre harán para usted un té muy amargo.