22 marzo 2007

hedonismo

Siempre que se quieren enumerar las peores lacras de la sociedad actual, la mayoría de los articulistas recurren al tópico falso del hedonismo. Si conocieran los preceptos de Epicuro, fundador de la Escuela del Jardín, creador de la corriente hedonista y materialista opuesta al estoicismo, evitarían este patinazo en público.

Epicuro fue un revolucionario muy criticado desde su tiempo y especialmente después por la filosofía cristiana absolutamente opuesta a sus principios. Para Epicuro la sensación es el criterio irrefutable de la verdad, une en uno sólo el placer carnal y el espiritual, y rompe de manera definitiva con la concepción de un modo sustentado en la religión y el recurso a los mitos.

La misión de su filosofía será curar el alma y enseñar al hombre a vivir el placer verdadero, a ser feliz. Epicuro afirma que no hay que temer a los dioses ni a la muerte, que no es nada para nosotros pues, mientras vivimos no está y, cuando ella está, nosotros ya no estamos.

Así liberado de sus antiguas angustias, el hombre está enteramente dispuesto para la búsqueda del placer, motor de su existencia. Es necesario pasar por una accesis de los deseos que son de tres tipos: deseos naturales y necesarios (comer, dormir, tener calor), deseos naturales y no necesarios (comer platos exquisitos, hacer el amor, levantarse tarde) y los deseos no naturales y no necesarios (tener un Porsche, ser rico o célebre). El modo de vida que propone consiste en saber contentarse con lo que es fácil de alcanzar y satisfacer las necesidades fundamentales del ser, renunciando a lo superfluo, las riquezas, los honores, los cargos públicos.

Una campaña publicitaria epicúrea bien llevada podría provocar hoy día el hundimiento económico mundial, escribe el filósofo Alain de Botton. Porque, según Epicuro, la mayor parte de los productos propuestos avivan los deseos inútiles entre las gentes que no saben cuáles son sus verdaderas necesidades.

Desprovisto de los deseos vanos y liberado de los temores supersticiosos, el sabio accede al fin a la ataraxia, la paz del alma, el placer estable.

5 comentarios:

Molusco dijo...

Muy bueno el post pero... ¿Qué opinaría Epicuro del iPod? ¿Usaría windows o linux?
A veces dan ganas de traer a los filósofos de la antigua Grecia a nuestro tiempo. ¿Son sus pensamientos realmente aplicables a nuestros tiempos como afirman estudiosos del tema? ¿o lo que hacen estos últimos son interpretaciones como otros hacen de lo que ellos consideran sagradas escrituras?

iulius felix caton dijo...

En nuestros tiempos habría que hacer un cuarto tipo de deseos, los deseos no naturales y necesarios. Entre ellos entraría el ordenador, con sistema operativo Linux, por supuesto, que da más por nada, y quizá el iPod, por contribuir al placer de la música, de la lectura (iBook), de la comunicación (radio).

Su precio, si se me quiere provocar por el lado del lujo y el refinamiento de su diseño, no es mayor que el de una antigua cadena HiFi, con la ventaja de que en su interior puede estar contenida una discoteca que pocos podrán colmar.

Eduardo dijo...

Vaya, vaya, intuyo aquí cierta duelo dialéctico que transgrede las normas de nuestro maestro Epicuro, del que supongo era un detractor de la 'pasión', pues es enemiga de la templanza y de otras muchas virtudes que a los griegos les gustaban. Suscribo el post de Catón, más aún cuando el epicureísmo permite ciertas laxitudes, llamense iPod o gadgets varios. Lo mejor de seguir un orden moral es poder saltárselo de vez en cuando. Ya lo dijo Pla que decía Goethe: "La felicidad está en la limitación". Me pregunto qué dirían de estos tiempos de sobreabundancia tan sobreabundante.

iulius felix caton dijo...

No hay en este correo de Urtala ningún ánima dialéctico ni pasión alguna. Sólo intentar aclarar qué es el hedonismo, cómo otro día se trató de las dársenas y otro se hará del finalismo.

El epicureismo nos advierte que bastarse a sí mismo es la mayor de las riquezas, no existe esa idea de laxitud, pecado, orden moral que suena a ciertas religiones, para las que este mundo es un valle de lágrimas.

Eduardo dijo...

Quería decir que las 'laxitudes' se las coloca cada uno. Vamos, ser 100% epicureo es muy difícil, Catón, y no te veo de retiro en Urtala con una túnica anudada con un cordel y unas viejas sandalias recogiendo remolacha... ¿O sí?