24 agosto 2007

manos a la obra

Cuando abrí la caja del mecano que nos hiciera, para mi hermano y para mí, un carpintero de Burgos, hubo que despertar a las piezas dormidas durante tanto tiempo y en especial al joven que las dejo allí encerradas, ordenadas y dormidas durante tantos años. De momento, hasta que me hice con la situación, hubo de pasar un tiempo de estupor, de asombro ante la cantidad de piezas distintas y la infinidad de formas de ensamblarlas.

Partía de un modelo de reloj, pero mi carácter rebelde me impide seguir cualquier modelo. El modelo era uno hecho al estilo del reloj foliot, inventado entre el 1300 y 1400, algunos autores indican que pudo ser el año 1285 cuando se inventó el primer Foliot. El nombre Foliot, "el loquillo" proviene del francés "Faire le fou": estar loco, o dar vueltas como un loco. Al no disponer de verdadero regulador, como es el péndulo que tiene un periodo propio de oscilación dependiente de la gravedad y de la longitud, la precisión de este reloj no era muy buena, llegando a perder más o menos media hora al día en el mejor de los casos.

El primer día, poco se pudo hacer. Una vez salido del desconcierto y bloqueo inicial y vuelto a recuperar la habilidad manual para ir colocando tornillos y tuercas en sitios inverosímiles el reloj quedó medió montado. Quedaba todavía mucho por hacer y deshacer, que es el modo de desarrollar prototipos, para ir simplificándolo al máximo, que es la manera de acercarse a la perfección.

1 comentario:

Eduardo dijo...

Cuidado con ese afán de perfección, que es un intento de emular a las deidades que no siempre trae buenos resultados. No olvidemos que la vida, las personas, hasta los ordenadores (sobre todo de Microsoft, eh, eh), son imperfectos. Sólo aspirando a la imperfección se puede alcanzar cierta perfección, opino.